Te levantas por la mañana deseando que llegue el fin de semana, días de salvación merecidos o no. Y luego, cuando llega, simplemente te encierras con los artilugios necesarios para desaparecer del mundo y dejas escapar el tiempo. Te cansas rápido de las cosas y de la gente, uno de tus muchos defectos; y crees que, por aislarte unos días, todo se arreglará, te abandonarán esos pensamientos que tanto te torturan y será todo como al principio. Y al fin y al cabo nena, siempre sale como tú lo planeas.
Y esque nada es tan difícil de creer como la verdad y, por contra, nada tan seductor como la fuerza de la mentira cuanto mayor es su peso.
Llegué con los pies calados. No fue un gran día ni tampoco el peor, pero es de los que deseas llegar a casa para encontrar protección de todo tipo.
Se vuelve a convertir en lo mismo de siempre, o mejor dicho, sigue siendo igual y repetitivo. Cogito ergo sum, y en este caso me consumo.
Dudo de todo, estoy cansada y me duele la cabeza.