
Quería sentirme bien por un tiempo. Sentirme importante y querida, puro egoísmo pero que bien sienta.
Fue quizá por eso por lo que no pensé demasiado en las conclusiones aún sabiendo que no acabaría bien, o porque me dejé guiar por mis sueños cuando no debía.
El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pero yo le necesitaba.
Ojalá fuese tan fácil como en aquella película, un proceso aparentemente simple a través de un aparatejo electrónico y ¡plaf!, Doña tintes se olvida de su romeo.
Nunca debimos conocernos, no para que las cosas acabaran peor de lo que estaban.
Él estará allí donde ponga yo los ojos. Él está en mi sueño y en mi corazón. En el eco de las pisadas, en la arena de la playa, en el recuerdo de la infancia, en el brillo del sol y en las largas noches de insomnio. En el día y en la noche, en todo lugar donde quepan la huida y el sueño, el miedo, la esperanza. No se puede huir de él, porque él es la huida.
La distancia se va comiendo poco a poco al corazón.
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